"Desde mi punto de vista –y esto puede ser algo profético y paradójico a la vez– Estados Unidos está mucho peor que América Latina. Porque Estados Unidos tiene una solución, pero en mi opinión, es una mala solución, tanto para ellos como para el mundo en general. En cambio, en América Latina no hay soluciones, sólo problemas; pero por más doloroso que sea, es mejor tener problemas que tener una mala solución para el futuro de la historia."

Ignácio Ellacuría


O que iremos fazer hoje, Cérebro?

terça-feira, 26 de junho de 2007

Rússia e China e seu poder sobre o mundo

China y Rusia en el nuevo desorden mundial



¿Puede Kosovo lograr la independencia sin el consentimiento tácito de Rusia, y puede haber una solución política y humanitaria a la tragedia en Darfur sin la buena voluntad activa de China? Las dos crisis no tienen nada en común, pero su resolución dependerá en gran medida de si estos dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas utilizan su poder de veto.

Comparar las respectivas capacidades de Rusia y China de bloquear iniciativas internacionales claves no tiene sentido en sí mismo, pero constituye una herramienta útil para comprender la transformación del sistema internacional que hoy está teniendo lugar como consecuencia directa del relativo declive del poder mundial de EU. Desde ese punto de la profundización del caos en el Oriente Próximo plantea tanto oportunidades como riesgos para Rusia y China, que puedan obligarlas a definir los papeles que desean jugar y las imágenes que quieren proyectar al mundo.

La pregunta clave es: ¿Está Rusia dando pasos agigantados en la “dirección equivocada”, mientras China está dando pasos “minúsculos” en la “dirección correcta”?
En lo superficial, Rusia y China pueden dar la impresión de estar siguiendo el mismo camino cuando ambas proclaman que se enorgullecen de estar “de regreso” en la escena mundial. Sin embargo, esta afirmación significa cosas diferentes para cada país.

Para China, país que tiene una profunda confianza en sí mismo, estar “de regreso” significa simplemente recuperar su centralidad histórica en el mundo tras una ausencia de más de dos siglos. Después de todo, a fines del siglo dieciocho China era el primer productor mundial de bienes manufacturados, y se percibe a sí misma como un centro de civilización sin parangón en Asia, y quizás en el mundo entero.

La renovada confianza en sí misma de China se basa en su notable destreza económica, que se deriva no de sus recursos naturales sino de su productividad y creatividad. Cualesquiera sean las grandes tensiones políticas, sociales y económicas que puedan existir, en China hay un factor de “sensación de bienestar”, un sentido de progreso, y los Juegos Olímpicos de 2008 en Beijing figuran como el momento simbólico que proclamará al mundo la escala de los logros del país.

Sobre todo, con la excepción del tema de Taiwan, China es una potencia satisfecha con el status quo en lo referente a la evolución del sistema internacional; es un actor paciente que encuentra perfectamente legítimo comportarse y ser visto como la potencia número dos del mundo.

En contraste, los rusos siguen sintiendo inseguridad acerca de su estatus en el mundo. El explosivo comportamiento “revisionista” de Rusia en la víspera de la última cumbre del G8 es una señal de la naturaleza “insatisfecha” del Kremlin. Puesto que saben que son menos potentes, especialmente en términos demográficos y económicos, los rusos sienten que tienen que hacer “más”. Para ellos, decir que Rusia está “de regreso” significa que los humillantes años de Yeltsin son cosa del pasado, y que ahora deben ser tratados como iguales, particularmente por Estados Unidos.

Los rusos sienten nostalgia no por la Guerra Fría en sí misma, sino por el estatus internacional que perdieron cuando llegó a su fin. Ahora que Estados Unidos ya no es una “hiperpotencia” sin rivales estratégicos, Rusia ha reafirmado su condición de “superpotencia”, afirmación que no necesariamente está respaldada por la realidad. A diferencia de los chinos, los rusos no crean riqueza económica, sino que meramente explotan sus recursos energéticos y minerales. Más aún, a diferencia de los chinos, no siempre se han sentido confiados de su posición en el mundo. Dividida entre Europa y Asia en términos políticos y culturales, víctima de un instinto oscuro y narcisista que tiñe su lectura del pasado y sus visiones del futuro, no debería sorprender a nadie el que Rusia hoy se esté comportando como una potencia “revisionista”.

Insatisfechos con su identidad propia, es natural que los rusos sientan la necesidad de exigir cambios que los hagan sentirse más seguros y orgullosos. Hace menos de 20 años la República Checa y Polonia eran parte de su esfera de influencia, de modo que es comprensible que no puedan aceptar que Estados Unidos imponga unilateralmente su sistema de seguridad allí.

Por supuesto, en sus juicios respectivos sobre Rusia y China, los países de Occidente --y particularmente los europeos-- pueden estar demostrando emociones selectivas. “Nosotros” tendemos a exigir menos a China que a Rusia, porque tendemos a ver a Rusia como “europea” (al menos en lo cultural). Como resultado, la cultura de violencia y provocación verbal que está ganando terreno en la Rusia de Putin nos perturba profundamente, mientras que tendemos a juzgar las malas obras de China con un mayor sentido de distancia, si es que no de indiferencia.

Sin embargo, las diferencias actuales entre China y Rusia pueden demostrar ser menos significativas en el día de mañana si el deterioro del Oriente Próximo impone un sentido de responsabilidad colectiva en los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Una cosa es que Rusia y China exploten las crecientes dificultades que EU sufre desde Gaza a Kabul; otra muy diferente es que la situación empeore hasta un punto de desestabilización general en la región.

De hecho, los crecientes problemas en el Oriente Próximo pueden dar un sentido de los límites a Rusia y China, al obligarles a calcular no en términos de su “valor de reto” global frente a Occidente, sino en términos de su capacidad de hacer una contribución positiva y estabilizadora al orden mundial.

Dominique Moisi, fundador y asesor senior del IFRI (Instit uto Francés de Relaciones Internacionales), actualmente es catedrático en el Colegio de Europa en Natolin, Varsovia.
http://www.elnuevodiario.com.ni/2007/06/26/opinion/52225

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