"Desde mi punto de vista –y esto puede ser algo profético y paradójico a la vez– Estados Unidos está mucho peor que América Latina. Porque Estados Unidos tiene una solución, pero en mi opinión, es una mala solución, tanto para ellos como para el mundo en general. En cambio, en América Latina no hay soluciones, sólo problemas; pero por más doloroso que sea, es mejor tener problemas que tener una mala solución para el futuro de la historia."

Ignácio Ellacuría


O que iremos fazer hoje, Cérebro?
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sábado, 22 de janeiro de 2011

Em 2010, países subdesenvolvidos receberam mais IED que países ricos

Internacional Es posible que más países declaren insolvencia financiera en 2011, dice el Foro Económico de Davos

Países subdesarrollados captaron más inversiones que las naciones ricas en 2010

Ginebra, Londres, Bruselas y México (PL).- Los flujos de inversiones extranjeras directas (IED) hacia los países subdesarrollados sobrepasaron, por primera vez, a los de las naciones industrializadas en 2010, informó la Organización de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). Los flujos de las IED se calculan esencialmente sobre la base de la creación de filiales en el extranjero, así como de fusiones y adquisiciones.

En la asamblea anual de la Federación Iberoamericana de Bolsas (FIAB) celebrada en septiembre de 2010 en San Salvador, el presidente de esa organización Adelmo Gabbi anunció que el valor de esas plazas en el mercado internacional creció más de un 35 por ciento. La favorable capitalización bursátil confirmó que la región continuaba en la mira de los inversores internacionales.

Gabbi informo que en ese desempeño sobresalen las bolsas de Brasil, Colombia y Chile, mientras que los índices bursátiles tuvieron un incremento de casi 24 por ciento. Consideró que esos incrementos reflejan que América Latina está de moda para los inversores internacionales, a diferencia de años anteriores cuando solo miraban hacia países europeos, asiáticos, Estados Unidos y Canadá.

Aseguró que después de la quiebra del grupo financiero estadounidense Lehman Brothers, los intereses se viraron hacia los mercados emergentes y los países latinoamericanos con buenas posibilidades de inversión.

A fines de 2010, las IED en países ricos habían descendido 6,9%, pese a la recuperación en Estados Unidos, donde la IED subió 43,3% y computó 186 mil millones de dólares, un nivel bajo comparado con los 324 mil millones de dólares de 2008. En Europa las inversiones extranjeras retrocedieron cerca del 20%, hasta 289.800 millones de dólares, precisó la UNCTAD.

Por su parte, la IED en China superó en unos mil millones de dólares el umbral de los 100 mil millones de dólares. China tambien clasificó como el quinto mayor inversionista del mundo con 56.530 millones de dólares en 2009, 1,1 más que en 2008. Al cierre de 2009, 13 mil empresas chinas tenían inversiones por más de un billón de dólares en 177 países de Asia-Pacífico, Europa y Africa.

En 2010, África se registró una caída de la IED del orden del 14,4%, hasta solo 50.100 millones de dólares. Mientras tanto, Latinoamérica concentró el 21,1% del flujo inversionista con un monto de 141.200 millones.

México fue el país latinoamericano más atractivo para la IED durante 2010, al pasar en un año de 12.700 millones de dólares a 19.100. Según la UNCTAD, este incremento equivale al 52,9%, ocho puntos porcentuales por encima de los resultados de naciones como Perú (44,7%) y Chile (43,4%).

La UNCTAD reiteró su pronóstico de que la inversión externa para el desarrollo global subirá entre 1,3 y 1,5 billones de dólares este año, con un crecimiento más fuerte retenido por la recuperación económica desigual, el proteccionismo de las inversiones, la volatilidad monetaria y las preocupaciones de la deuda soberana.

La economía en 2011

La ONU señaló recientemente que la recuperación global está perdiendo fuerza, pues el avance es insuficiente para recuperar en los próximos dos años los millones de empleos perdidos desde el inicio de la coyuntura recesiva. Advirtió que la debilidad de los países desarrollados, el bajo crecimiento de Estados Unidos y la crisis de deuda europea, agravan aún más la situación internacional.

En épocas de recesión el estímulo fiscal es esencial para impulsar el crecimiento de la economía. Sin embargo, ese presupuesto está en completa contradicción con los severos planes de ajuste impulsados principalmente por gobiernos europeos, con el pretexto de combatir elevados déficit fiscales. En Londres, el Foro Económico de Davos admitió la posibilidad de que continúen las declaraciones de insolvencia financiera por algunos países en 2011.

El club de los ricos del mundo, integrado por empresarios, magnates, banqueros y otros ejecutivos, debatirá del 26 al 30 de este mes su informe anual Riesgos Globales 2011, en el que también se reconocen como amenazas los ajustes en el suministro de recursos básicos como alimentos, agua y energía, con problemas que se acentuaron como resultado de insuficiente inversión en infraestructura.

Daniel Hofmann, economista jefe de Zurich Financial Services, quien contribuyó a la elaboración del informe, dijo que las políticas fiscales son insostenibles en la mayoría de las economías industrializadas. Se admite entre los riesgos la crisis de deuda y las posibilidades de cesaciones de pagos, así como la incapacidad de gobiernos de encarar eventuales impactos adversos.

La debacle financiera agotó todas las capacidades del mundo para enfrentar los choques, advierte el Foro apenas dos semanas antes de su reunión en la tradicional sede de la localidad turística de Davos, en Suiza. Según el texto, los desequilibrios económicos y las deudas sin respaldo financiero son el semillero de potenciales crisis fiscales y monetarias, que exigirán acciones coordinadas para controlarlas.

Citado por BBC Mundo, el director de Predicciones Globales de la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist, Robert Ward, habló de un enfriamiento del panorama económico. Calcula que aunque en 2010 el crecimiento fue de 4,6 por ciento, en 2011 será de 3,7, pero sin descartar la posibilidad de una doble recesión.

La Comisión Europea (CE) calculó recientemente que el avance de la Eurozona se ralentizará 1,5 puntos en 2011, en la medida que los gobiernos disminuyan sus gastos. Estimó una reducción del déficit fiscal en los próximos dos años y un aumento de la deuda soberana.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, opinó que tanto la Unión Europea (UE) como Estados Unidos necesitan un relanzamiento económico en lugar de abundar en la vía de austeridad, que retrasará la salida de la crisis. Insistió en la importancia de potenciar la inversión en sectores como educación, sanidad, investigación e infraestructuras, y recalcó la importancia de trabajar por una mayor regulación del sistema financiero, para frenar la especulación de los bancos.

Stiglitz estimó fundamental un nuevo sistema mundial de reservas o una generalización del dinero del Fondo Monetario Internacional (FMI) (los llamados derechos especiales de giro, o DEG). De esa forma los países pobres no tendrán que inmovilizar cientos de miles de millones de dólares para protegerse de la volatilidad global, y ese dinero se sumaría a la demanda agregada del orbe.

http://www.bolpress.com/art.php?Cod=2011012015

sexta-feira, 14 de maio de 2010

Rodrik acredita que globalização, democracia e Estado nacional são inconciliáveis!

Enseñanzas griegas para la economía mundial

Dani Rodrik

2010-05-11

CAMBRIDGE – El plan de ayuda de 140.000 millones de dólares que el Gobierno griego ha recibido al final de sus socios de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional le da el respiro necesario para emprender la difícil tarea de poner en orden sus finanzas. El plan puede o no prevenir que España y Portugal acaben tan gravemente afectados o incluso evitar, de hecho, una posible quiebra griega. Sea cual fuere el resultado, está claro que el desastre griego ha dejado un ojo morado a la UE.

En el sentido más profundo, la crisis es otra manifestación de lo que yo llamo “el trilema de la economía mundial”; la mundialización económica, la democracia política y el Estado-nación son mutuamente irreconciliables. Podemos tener, como máximo, dos a la vez. La democracia es compatible con la soberanía nacional sólo  si limitamos la mundialización. Si intensificamos la mundialización, al tiempo que conservamos el Estado-nación, debemos abandonar la democracia y, si queremos democracia junto con la mundialización, debemos dejar de lado el Estado-nación y luchar por un mayor gobierno internacional.

La historia de la economía mundial muestra el trilema en pleno desarrollo. La primera era de la mundialización, que duró hasta 1914, fue un éxito mientras las políticas económicas y monetarias permanecieron aisladas de las presiones políticas internas. Entonces dichas políticas podían estar enteramente sometidas a las exigencias del patrón-oro y la libre movilidad de los capitales, pero, una vez que aumentó el derecho de voto, la clase obrera se organizó y la política de masas pasó a ser la norma, los objetivos económicos nacionales empezaron a competir con las normas y limitaciones exteriores y a arrollarlas.

El caso clásico es el del corto regreso de Gran Bretaña al patrón oro en el período de entreguerras. El intento de reconstituir el modelo de la mundialización anterior a la primera guerra mundial se desplomó en 1931, cuando las políticas interiores obligaron al Gobierno británico a elegir la reflación interior frente al patrón-oro.

Los arquitectos del régimen de Bretton Woods tuvieron presente esa enseñanza cuando prepararon una nueva concepción del sistema monetario en 1944. Entendieron que los países democráticos necesitarían margen para aplicar políticas monetarias y fiscales independientes. Por eso, sólo previeron una “ligera” mundialización, con corrientes de capital limitadas en gran medida a préstamos y endeudamiento a largo plazo. John Maynard Keynes, quien formuló las normas junto con Harry Dexter White, no consideraba los controles de capitales un expediente temporal, sino un rasgo permanente de la economía mundial.

El régimen de Bretton Woods se desplomó en el decenio de 1970 a consecuencia de la incapacidad o la renuencia –no está claro de cuál de ellas se trató– de los gobiernos principales a gestionar la oleada en aumento de corrientes de capital.

La tercera vía revelada por el trilema es la de la supresión completa de la soberanía nacional. En ese caso, la integración económica puede ir acompañada de la democracia mediante la unión política de Estados. Entonces, la pérdida de la soberanía nacional queda compensada por la “internacionalización” de la política democrática. Se debe considerarla una versión mundial del federalismo.

Los Estados Unidos, por ejemplo, crearon un mercado nacional unificado, una vez que su gobierno federal arrebató el suficiente control político a los estados individuales. No fue un proceso fácil precisamente, como lo demuestra más que de sobra la guerra civil americana.

Las dificultades de la UE se deben a que la crisis financiera mundial afectó a Europa a mitad de camino en un proceso similar. Los dirigentes europeos siempre han entendido que la unión económica debía tener una pata política para sostenerse. Aun cuando algunos, como, por ejemplo, Gran Bretaña, deseaban conceder a la Unión el menor poder posible, la fuerza de la argumentación correspondió a quienes propugnaron la integración política junto con la económica. Aun así, el proyecto político europeo adquirió una amplitud política mucho menor que la económica.

Grecia se benefició de una moneda común, mercados unificados de capitales y libre cambio con los demás Estados miembros, pero no tiene un acceso automático a un prestador europeo como último recurso. Sus ciudadanos no reciben subsidio de desempleo de Bruselas del mismo modo, por ejemplo, que los californianos lo reciben de Washington, D. C., cuando California padece una recesión. Como tampoco, dadas las barreras lingüísticas y culturales, pueden los desempleados griegos cruzar las fronteras y trasladarse con la misma facilidad a un Estado europeo más próspero y, si los mercados advierten que su gobierno es insolvente, los bancos y las empresas griegos pierden solvencia, junto con él.

Por su parte, los gobiernos francés y alemán no han tenido voz y voto respecto de las políticas presupuestarias de Grecia. No pudieron impedir que el Gobierno griego tomara préstamos (indirectos) del Banco Central Europeo, mientras las agencias de calificación crediticia consideraron solvente la deuda griega. Si Grecia opta por quebrar, no pueden aplicar las reclamaciones de sus bancos a los prestatarios griegos ni incautarse de activos griegos. Como tampoco pueden impedir a Grecia abandonar la zona del euro.

Lo que todo eso significa es que la crisis financiera ha resultado ser mucho más profunda y su resolución considerablemente más complicada de lo necesario. Los gobiernos francés y alemán han acabado preparando a regañadientes un importante plan de préstamo, pero con un retraso considerable y con el apoyo del FMI. El BCE ha reducido el umbral de solvencia que los valores griegos deben cumplir para permitir la continuación del endeudamiento griego.

El éxito del rescate dista de estar asegurado, en vista de la magnitud de la reducción de gasto que exige y la hostilidad que ha inspirado a los trabajadores griegos. En última instancia, la política interior puede más que los acreedores extranjeros.

La crisis ha revelado hasta qué punto son exigentes las condiciones políticas previas de la mundialización. Revela hasta qué punto deben evolucionar las instituciones europeas para sostener un mercado único sólido. La alternativa que afronta la UE es la misma en otras partes del mundo: o integrarse políticamente o reducir la unificación económica.

Antes de la crisis, Europa parecía el candidato más probable a hacer una transición lograda hasta el primer equilibrio: una mayor unificación política. Ahora su proyecto económico está hecho trizas, mientras que la capacidad de dirección necesaria para reavivar la integración política brilla por su ausencia.

Lo mejor que se puede decir es que Europa no podrá seguir aplazando la elección de una de las dos opciones de la alternativa que el caso griego ha dejado al descubierto. Desde una posición optimista, se podría concluir que, por esa razón, Europa acabará fortalecida en última instancia.

http://www.project-syndicate.org/commentary/rodrik43/Spanish

quarta-feira, 4 de novembro de 2009

Ciência, Divisão Internacional do Trabalho e os BRICs

Ciência, Divisão Internacional do Trabalho e os BRICs

Escrito por Corival Alves do Carmo

01-Nov-2009

O debate nas relações econômicas internacionais hoje está dominado pela crise do dólar e pela ascensão dos BRICs. Há um questionamento generalizado sobre o a capacidade dos EUA conservarem o valor do dólar e sobre a continuidade do dólar como moeda internacional.

Crescentemente se discute a utilização de uma cesta de moeda como valor de referência na economia mundial. A discussão sobre a composição de uma cesta de moeda reflete a ausência de uma moeda que seja capaz de substituir o dólar e mais especificamente de um país que se disponha a oferecer a sua moeda em substituição ao dólar. Sendo assim, o mundo se mostra relativamente impotente quanto ao dólar, e as alternativas pensadas não alteram a centralidade dos EUA na economia mundial.

A ascensão dos BRICs marcaria em princípio um mundo multipolar, haveria um declínio relativo das potências tradicionais e a ascensão de novos centros econômicos. E em princípio a discussão só se torna válida se for restringida aos aspectos econômicos já que é bastante questionável tratar a China e a Rússia como novas potências em ascensão do ponto de vista político. De todo modo os BRICs apontariam para um futuro multipolar, mas não o realizariam de fato hoje. Hoje, eles apenas tornam os debates econômicos sobre a economia mundial mais multilaterais.

Entretanto, nestas discussões sobre o futuro da economia mundial e sobre as hierarquias no interior do capitalismo há um fator que vem sendo ignorado - as recentes transformações econômicas impostas pela revolução da eletrônica e o papel central que o desenvolvimento científico tecnológico desempenha na economia mundial hoje.

As análises sobre as novas potências emergentes continuam sendo marcadas pelos critérios antigos, o que impressiona os analistas ainda é o consumo de aço da China, a implantação de setores econômicos tradicionais na China. Subestimam o papel que a capacidade de promover desenvolvimento científico e tecnológico desempenha no capitalismo contemporâneo.

Segue em:

http://www.revistaautor.com/index.php?option=com_content&task=view&id=517&Itemid=54

sábado, 20 de junho de 2009

Adeus, General Motors

Adeus, General Motors

Por Michael Moore

Michael Moore

Traduzido por Omar L. de Barros Filho e Sylvia Bojunga
Escrevo na manhã do fim da outrora poderosa General Motors. Ao meio dia, o presidente dos Estados Unidos tornará oficial: a General Motors, tal como a conhecemos, acabou.
Sentado aqui na cidade natal da GM, Flint, Michigan, estou cercado de amigos e familiares ansiosos pelo que ocorrerá com eles e com a cidade, onde 40% das casas e dos negócios locais foram abandonados. Imagine como seria viver em uma cidade onde quase todas as demais casas estivessem vazias. Qual seria seu estado de espírito?
É uma triste ironia que a companhia que inventou a obsolescência planejada – a decisão de construir automóveis que caíssem aos pedaços em alguns anos para que o cliente tivesse que comprar um novo – agora ficou obsoleta. Negou-se a fabricar os automóveis que o público queria, que consumissem menos gasolina, que fossem o mais seguros possível e extremamente confortáveis de dirigir. Ah! – e que não começassem a se desmanchar em dois anos.
A GM teimou em lutar contra as regulamentações ambientais e de segurança. Seus executivos ignoravam com arrogância os “inferiores” veículos japoneses e alemães, os quais chegariam a ser o padrão ouro dos compradores de carros. E estava determinada em castigar sua força de trabalho sindicalizada, despedindo milhares de trabalhadores apenas para “melhorar” a situação dos resultados de curto prazo da corporação.
De 1980 em diante, quando divulgava lucros sem precedente, transferiu incontáveis postos de trabalho para o México e outros lugares, destruindo as vidas de dezenas de milhares de esforçados americanos. A patente estupidez desta política estava no fato de que, ao eliminar a renda de tantas famílias de classe média, quem eles pensavam que teria condições para comprar automóveis? A história registrará esse erro da mesma forma como hoje são lembrados a construção da Linha Maginot pelos franceses, ou a forma como os romanos envenenaram inadvertidamente seu sistema de água ao incorporar chumbo letal nos encanamentos.
Aqui estamos, pois, no leito de morte da General Motors. O corpo da empresa ainda não está frio, e descubro que me sinto repleto de – ouso dizer – alegria. Não é uma satisfação originada na vingança contra uma corporação que arruinou minha cidade natal e trouxe miséria, divórcios, alcoolismo, deixou gente sem lar, com deficiências físicas, mentais e dependência de drogas entre as pessoas com quem cresci. Tampouco, obviamente, alegra-me saber que outros 21 mil trabalhadores da GM receberão a notícia de que também eles ficaram sem emprego. Mas, agora, você, eu e o resto da América, possuímos uma empresa montadora de automóveis!
Eu sei, eu sei – mas quem, diabos, quer dirigir uma fábrica de automóveis? Quem de nós deseja que 50 bilhões de dólares de nossos impostos sejam jogados em uma toca de ratos na tentativa de salvar a GM? Sejamos claros sobre isso: a única forma de salvar a GM é matar a GM. Resgatar nossa preciosa infraestrutura industrial, porém, é outra coisa e deve ser a máxima prioridade. Se deixarmos que fechem e desmantelem nossas plantas industriais, lamentaremos amargamente seu desaparecimento quando nos dermos conta de que essas fábricas poderiam ter construído os sistemas de energia alternativa que hoje desesperadamente necessitamos. E, quando percebermos que a melhor forma de transporte são ferrovias rápidas, trens-bala e ônibus mais “limpos”, como poderemos construí-los se permitimos que desaparecessem nossa capacidade industrial e sua habilitada força de trabalho?
Assim, pois, agora que o governo federal e o tribunal de falências reorganizam a General Motors, eis aqui o plano que peço ao presidente Barack Obama que ponha em prática para o bem dos trabalhadores, das comunidades da GM e de toda a nação. Há 20 anos, quando fiz Roger & Me, tratei de alertar as pessoas sobre o futuro da General Motors. Se a estrutura do poder e a tecnocracia tivessem escutado, talvez muito teria sido evitado. E, com base em minha trajetória, solicito que se preste honrada e sincera consideração às seguintes sugestões:
1. Assim como fez o presidente Roosevelt depois do ataque a Pearl Harbor, Obama deve dizer à nação que estamos em guerra e que devemos converter de imediato nossas fábricas de automóveis em instalações que construam veículos de transporte de massa e equipamentos de energia alternativa. Em 1942, em Flint, em questão de meses, a GM paralisou toda a produção de carros e usou as linhas de produção para construir aviões, tanques e metralhadoras. A conversão foi realizada em um abrir e fechar de olhos. Todo mundo participou. Os fascistas foram derrotados.
Agora estamos em uma guerra diferente – a que empreendemos contra o ecossistema, guiados por nossos próprios líderes empresariais. Essa guerra tem duas frentes. Uma tem seu quartel-general em Detroit. Os produtos construídos nas fábricas da GM, Ford e Chrysler são algumas das maiores armas de destruição em massa, responsáveis pelo aquecimento global e pelo derretimento de nossas calotas polares. Pode ser que esses objetos que chamamos carros sejam divertidos de dirigir, mas são como um milhão de adagas no coração da Mãe Natureza. Continuar construindo-os só conduzirá à ruína de nossa espécie e de grande parte do planeta.
A outra frente nessa guerra foi aberta pelas companhias petrolíferas, contra você e contra mim. Empenham-se em nos esfolar sempre que podem, e elas foram administradoras imprudentes da finita quantidade de petróleo que se localiza sob a superfície da terra. Elas sabem que a estão sugando até o osso. E, assim como os magnatas madeireiros do princípio do século XX, que não davam a mínima pelas gerações futuras e arrasavam qualquer floresta que caía em suas mãos, esses barões do petróleo não dizem ao público o que sabem que é verdade: no planeta, resta óleo cru utilizável somente para algumas décadas a mais. E, conforme os dias finais do petróleo se aproximam, preparem-se para ver algumas pessoas muito desesperadas, dispostas a matar ou morrer por um litro de gasolina.
O presidente Obama, agora que assumiu o controle da GM, necessita transformar imediatamente as fábricas para os novos usos necessários.
2. Não ponham outros 30 bilhões de dólares nas arcas da GM para fabricar automóveis. Em vez disso, usem esse dinheiro para manter a atual força de trabalho – e a maioria dos que foram demitidos – para que se possa construir os novos modelos de transporte do século XXI. Que o trabalho de conversão comece agora mesmo.
3. Anunciem que nos próximos cinco anos teremos trens-bala cruzando o país. O Japão celebra este ano o 45° aniversário de seu primeiro trem-bala; agora tem dezenas. Velocidade média: 265 quilômetros por hora. Tempo médio de atraso: menos de 30 segundos. Eles possuem esses trens de alta velocidade há quase cinco décadas... e nós não temos nenhum! É um crime que já exista a tecnologia para ir de Nova York a Los Angeles em 17 horas, e que não a utilizemos. Contratemos os desempregados para que construam as novas vias de alta velocidade por todo o país. De Chicago a Detroit em menos de duas horas. De Miami a Washington em menos de sete. De Denver a Dallas em cinco e meia. Pode ser feito e que se faça já.
4. Empreendam um programa para implantar linhas de trens rápidos de massas em todas as nossas cidades grandes e médias. Construam esses trens nas fábricas da GM. E contratem moradores locais para instalar e operar o sistema.
5. Para os habitantes de zonas rurais não atendidas pelos trens, que as plantas da GM produzam ônibus “limpos” e eficientes no uso da energia.
6. Por enquanto, que algumas fábricas construam veículos híbridos ou elétricos (e baterias). Tardarão alguns anos até que as pessoas se acostumem às novas formas de transporte, então se quisermos ter automóveis, que sejam mais “amigáveis”. Podemos construí-los no próximo mês (não acreditem em quem diz que levaríamos anos para reformatar as fábricas: simplesmente não é correto).
7. Transformem algumas das fábricas vazias da GM em instalações que construam moinhos de vento, painéis solares e outros meios de energia alternativa. Agora mesmo necessitamos dezenas de milhões de painéis solares. E existe uma força de trabalho capacitada e disposta que pode construí-los.
8. Concedam incentivos fiscais para aqueles que viajam em automóvel híbrido, ônibus ou trem. Créditos também para aqueles que converterem suas casas à energia alternativa.
9. Para ajudar a pagar por essas medidas, imponham uma taxa de dois dólares para cada quatro litros de gasolina. Isso incentivará as pessoas a mudarem para automóveis que economizam energia ou a utilizar as novas linhas e trens que os trabalhadores das antigas montadoras construíram.
Bem, é um princípio. Por favor, por favor, por favor não salvem a GM para que uma versão reduzida dela não faça outra coisa que construir Chevys ou Cadillacs. Essa não é uma solução sustentável. Não joguem dinheiro bom em uma companhia cujo cano de descarga funciona mal e enche o carro com um cheiro estranho.
Este ano completa-se um século desde que os fundadores da General Motors convenceram o mundo a renunciar a seus cavalos, selas e charretes para experimentar um novo meio de transporte. Agora é tempo de dizer adeus ao motor de combustão interna. Parece que ele nos serviu bem durante um longo tempo. Desfrutamos as paradinhas para lanches rápidos no carro. Transamos no banco dianteiro e também no traseiro. Vimos filmes em telas grandes, saímos em disparada pelas estradas de todo o país e, da janela, demos nossa primeira olhada no Pacífico na Highway One. Mas, agora, acabou. É um novo dia e um novo século. O presidente – e o sindicato de trabalhadores da indústria automobilística – devem aproveitar o momento e fazer uma grande jarra de limonada com este limão tão amargo e triste.
Ontem morreu a última sobrevivente do desastre do Titanic. Ela escapou da morte certa naquela noite e viveu outros 97 anos. Da mesma maneira podemos sobreviver ao nosso Titanic em todas as Flints, Michigans deste país. Os 60% da GM são nossos. Acredito que podemos utilizá-los melhor.
12/6/2009
Artigo original publicado em 1º de junho de 2009.
Fonte: The Daily Beast http://www.thedailybeast.com/blogs-and-stories/2009-06-01/goodbye-gm/p/
Foto: AP
Tradução para o português de Omar L. de Barros Filho, editor de ViaPolítica e membro da Tlaxcala, a rede de tradutores pela diversidade lingüística, e Sylvia Bojunga. Esta tradução pode ser reproduzida livremente na condição de que sua integridade seja respeitada, bem como a menção ao autor, aos tradutores e à fonte.
URL da tradução para o espanhol do artigo Adeus GM em Tlaxcala: http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=7842&lg=es
Artigo relacionado (em espanhol): Michael Moore y el caso de la General Motors: ¿Se avecina el fin del capitalismo? http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=7840&lg=es
Mais sobre Michael Moore em http://www.michaelmoore.com/

http://www.viapolitica.com.br/fronteira_view.php?id_fronteira=238#

sábado, 25 de abril de 2009

O liberalismo que viola o liberalismo

The liberal supremacists

Whether they like it or not, Dawkins, Amis, Hitchens and company have become weapons in the war on terror

One side-effect of the so-called war on terror has been a crisis of liberalism. This is not only a question of alarmingly illiberal legislation, but a more general problem of how the liberal state deals with its anti-liberal enemies. This, surely, is the acid test of any liberal creed. Anyone can be tolerant of those who are tolerant. A community of the broad-minded is a pleasant place, but requires no great moral effort. The key issue is how the liberal state copes with those who reject its ideological framework. It is fashionable today to speak of being open to the "Other". But what if the Other detests your openness as much as it does your lapdancing clubs?

There is no quarrel about how to treat those whose scorn for liberal values takes the form of blowing the legs off small children. They need to be locked up. But socialists as well as Islamists reject the liberal state, so what is to be done about them? Are they to be indulged only until they successfully challenge the state, at which point they too will find themselves behind bars with the zealots of al-Qaida?

It is not, of course, that the left rejects civil liberties: the working-class movement fought to secure so many of them. Marx had undying admiration for the great revolutionary legacy of middle-class liberalism. Even so, there is a fundamental conflict between liberals and leftists. Liberalism holds that the state should tolerate any opinion that does not seek to undermine that very tolerance. It is an ironic kind of politics. As Tony Blair warned: "Our tolerance is part of what makes Britain Britain. So conform to it, or don't come here." Whether this is comically self-contradictory or properly paradoxical depends on your view of the liberal state.

That state is not too bothered about what you believe, as long as it does not thwart the right of others to their beliefs. A more cynical view is that advanced capitalism is inherently faithless; as long as you pay your taxes and refrain from beating up police officers, your opinions are mostly neither here nor there. The agnosticism peddled by Richard Dawkins and Christopher Hitchens as subversive stuff is part of late capitalism's everyday routine. The liberal state has no view on whether witchcraft is more valuable than all-in wrestling. Like a tactful publican, it has as few opinions as possible. Many liberals suspect passionate convictions are latently authoritarian. But liberalism should surely be a passionate conviction. Liberals are not necessarily lukewarm. Only the more macho leftist suspects that they have no balls. You can be ardently neutral, and fiercely indifferent.

Any honest liberal, however, will acknowledge that the neutrality of the state is a form of partisanship. There should be laissez-faire in the realm of belief, just as there should be in the marketplace. The left objects to the liberal case not because it believes in crushing those who differ, or dislikes the idea of a partisan state, but because this case rules out the kind of partisan state that ­socialism requires. It rules out, for example, a state that would not be neutral on whether cooperation or individualism should reign supreme in social and economic life.

If the test of liberalism is how it confronts its illiberal adversaries, some of the liberal intelligentsia seem to have fallen at the first hurdle. Writers such as Martin Amis and Hitchens do not just want to lock terrorists away. They also tout a brand of western cultural supremacism. Dawkins strongly opposed the invasion of Iraq, but preaches a self-satisfied, old-fashioned Whiggish rationalism that can be wielded against a benighted Islam. The philosopher AC Grayling has an equally starry-eyed view of the stately march of Western Progress. The novelist Ian McEwan is a freshly recruited champion of this militant rationalism. Both Hitchens and Salman Rushdie have defended Amis's slurs on Muslims. Whether they like it or not, Dawkins and his ilk have become weapons in the war on terror. Western supremacism has gravitated from the Bible to atheism.

The irony is clear. Some of our free literary spirits are defending liberal values in ways that threaten to undermine them. In this, they reflect the behaviour of western states. Liberals are supposed to value nuanced analysis and moral complexity, neither of which are apparent in the slanderous reduction of Islam to a barbarous blood cult. They are noted for their judicious discriminations, rather than the airy dismissal of all religion as so much garbage. There is also an honorable legacy of qualifying too-absolute judgments with an awareness of context: the genuine liberal is appalled by Islamist terrorism, but conscious of the national injury and humiliation that underlie it. None of the writers I have mentioned is remarkable for such balance. On the whole, they are more preoccupied with freedom of expression than freedom from imperial rule.

There is an irony or paradox built into liberal thought: you must be properly intolerant of assaults on tolerance. But this irony is in perpetual danger of getting out of hand. For the liberal state to accommodate a diversity of beliefs while having few positive convictions is one of the more admirable achievements of civilization. But such neutrality, once under pressure, can easily slide into superiority, as sitting loose to other people's faith comes to look like rising disdainfully above it. It is then only a short step from superiority to supremacism.

http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2009/apr/25/liberal-islam

domingo, 12 de outubro de 2008

Dois sintomas da gravidade da crise

O primeiro sintoma é a declaração do secretário do tesouro afirmando que o protecionismo não é uma solução para a crise. De fato não é. E provavelmente o protecionismo agora apenas agravaria a crise dada a globalização produtiva. Agora é falso também acreditar que a liberalização comercial teria evitado a crise ou aceleraria a recuperação. Uma maior liberalização agora apenas geraria mais desequilíbrios.

O segundo sintoma, muito mais grave, é a notícia sobre a proposta apresentada pela GM a FORD de uma fusão. A Ford recusou e agora a GM e a Chrysler estão negociando. Esta é uma notícia trágica, porque se a GM foi procurar a Ford é por estar em dificuldades. E pior desesperada porque procurar a Chrysler, que é uma empresa falida em atividade, é o fim, a última das alternativas. Um crise grave da GM modificaria todo o panorama da indústria automobilística mundial. Seria algo realmente revolucionário na indústria mundial.

domingo, 23 de março de 2008

Dani Rodrik entende de futebol, ou o futebol como síntese da globalização

La globalización y el deporte de multitudes
by Dani Rodrik

Cambridge – ¿Cómo cambia la globalización la forma en que la riqueza y las oportunidades se distribuyen en el mundo? ¿Es principalmente una fuerza benéfica que permite a las naciones pobres levantarse de la pobreza al participar en los mercados globales? ¿O crea grandes oportunidades sólo para una pequeña minoría?

Para responder a estas preguntas, basta con mirar el fútbol. Desde que los clubes europeos aflojaran las restricciones acerca de la cantidad de jugadores extranjeros, el juego se ha vuelto verdaderamente global. En particular, los jugadores africanos se han hecho cada vez más comunes, complementando el espectáculo usual de brasileños y argentinos. De hecho, la presencia extranjera en el fútbol supera todo lo que vemos en otras áreas del comercio internacional.

Arsenal, que actualmente está a la cabeza de la Liga inglesa de Primera División, puso en el campo de juego a 11 starters entre los que no se cuenta ningún jugador británico. De hecho, todos los jugadores ingleses de los cuatro clubes ingleses que quedaron entre los 8 finalistas de la Liga de Campeones de la UEFA apenas bastarían para llenar un solo equipo.

Hay pocas dudas de que los jugadores extranjeros mejoran la calidad del juego en los campeonatos de los clubes europeos. El panorama del fútbol de Europa no sería ni la mitad de estimulante sin goleadores como Didier Drogba de Costa de Marfil (Chelsea) o Samuel Eto’o de Camerún (Barcelona). Es fácil ver los beneficios del talento africano, además. Los jugadores africanos pueden ganar mucho más dinero ofreciendo sus habilidades en Europa, no sólo en los grandes clubes de la Primera División inglesa o la Primera Liga española, sino en los incontables clubes " nouveau-riche ” de Rusia, Ucrania o Turquía.

No hay duda de que la movilidad internacional de los jugadores de fútbol ha aumentado la brecha de ingresos entre estrellas como Drogba y Eto’o y sus compatriotas que se quedaron en África. Esto es parte inherente de la globalización: la existencia de mejores oportunidades económicas generan mayores disparidades entre quienes tienen la habilidad o la suerte de aprovecharlas y quienes no. Este tipo de desigualdad no es necesariamente algo malo. Hace que alguna gente gane más sin que la situación de los demás empeore.

Sin embargo, a los fanáticos del fútbol les importa tanto el país como el club, y aquí las consecuencias de la movilidad global del talento no son tan claras. Muchos temen que la disponibilidad de jugadores extranjeros afecte la calidad de los equipos nacionales . ¿Para qué invertir en desarrollar el talento local si lo podemos contratar afuera?

Una vez más, Inglaterra sirve de ilustración. Muchos culpan el fracaso del país para clasificar para el campeonato europeo este verano por la preponderancia de jugadores extranjeros en los equipos de los clubes ingleses. Puede que haya en camino una reacción más amplia. Sepp Blatter, el presidente de la FIFA, la entidad que rige el fútbol mundial, ha estado impulsando un plan para limitar a cinco la cantidad de jugadores extranjeros que los equipos puedan usar en el campo de juego.

El efecto de la globalización del fútbol sobre los países africanos parece ser justo lo opuesto. Por una parte, ha aumentado la calidad de varias selecciones nacionales africanas en relación con las selecciones nacionales europeas, con países como Camerún y Costa de Marfil ostentando hoy algunos de los principales jugadores de los clubes europeos. Por otra parte, la globalización probablemente ha reducido la calidad de las ligas locales africanas en comparación con sus contrapartes europeas.

Si usted es un habitante de Yaoundé, puede que el empeoramiento de la calidad del juego local no sea gran cosa si no puede pagar una conexión de cable que le permita ver la Liga de Primera División inglesa. Pero, aparte de eso, tendrá razones para sentir que la globalización le ha reservado su peor cara.

La Copa de las Naciones de África 2008, que se realizó en Ghana durante enero y febrero, reveló la interdependencia recíproca creada por la globalización del fútbol. Muchos clubes europeos se quedaron sin sus jugadores estrellas, ya que debieron ir a cumplir sus obligaciones en sus respectivas selecciones nacionales. Por su parte, los jugadores africanos mascullaban que su ausencia de Europa reducía sus oportunidades comerciales durante un periodo crucial de los partidos de la liga.

Sin embargo, la lección más importante que ha revelado la Copa Africana es que las naciones exitosas son aquellas que combinan las oportunidades de la globalización con sólidas bases locales. Por ejemplo, el ganador de la copa no fue Camerún ni Costa de Marfil, ni ninguno de los otros equipos africanos llenos de jugadores estrella de las ligas europeas, sino Egipto, que puso en el campo de juego a sólo cuatro jugadores (de 23) que juegan en Europa.

En contraste, Camerún -derrotado por Egipto en la final- tenía apenas un jugador de un club local, y 20 de clubes europeos. Pocos jugadores egipcios les habrían resultado familiares a los europeos que veían el partido, pero Egipto jugó mucho mejor y mereció ganar. Tampoco fue casualidad: la de Egipto es la selección nacional más exitosa de los torneos por la Copa Africana, ganándola cinco veces con anterioridad.

La lección no es que participar en un fútbol globalizado sea una mala opción. Si esa fuera la clave del éxito de Egipto, Sudán, que no tiene jugadores en Europa, habría tenido buenos resultados. En lugar de ello, junto con Benin fue el equipo menos exitosos del torneo, perdiendo los tres partidos que jugó.

La verdadera lección es que para aprovechar realmente la globalización son necesarias capacidades locales además de vínculos internacionales. Lo que marca la diferencia en el caso de Egipto es que posee una sólida liga local, que fomenta el talento y la coherencia como selección nacional.

Lo mismo ocurre con los campeones de la globalización en otros ámbitos. Lo que distingue a las Chinas e Indias de este mundo no es que se hayan ofrecido de manera incondicional a las fuerzas de la globalización, sino que las han utilizado para mejorar sus capacidades internas. Los beneficios de la globalización son para quienes hacen sus tareas en casa.

Dani Rodrik, profesor de Economía Política en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, es el primer galardonado con el Premio Albert O. Hirschman del Consejo de Investigación en Ciencias Sociales. Su último libro es One Economics, Many Recipes: Globalization, Institutions, and Economic Growth.
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